En aquel tiempo, caminaba con Jesús una gran muchedumbre y él, volviéndose a sus discípulos, les dijo: “Si alguno quiere seguirme y no me prefiere a su padre y a su madre, a su esposa y a sus hijos, a sus hermanos y a sus hermanas, más aún, a sí mismo, no puede ser mi discípulo. Y el que no carga su cruz y me sigue, no puede ser mi discípulo.
Porque, ¿quién de ustedes, si quiere construir una torre, no se pone primero a calcular el costo, para ver si tiene con qué terminarla? No sea que, después de haber echado los cimientos, no pueda acabarla y todos los que se enteren comiencen a burlarse de él, diciendo: ‘Este hombre comenzó a construir y no pudo terminar’.
¿O qué rey que va a combatir a otro rey, no se pone primero a considerar si será capaz de salir con diez mil soldados al encuentro del que viene contra él con veinte mil? Porque si no, cuando el otro esté aún lejos, le enviará una embajada para proponerle las condiciones de paz.
Así pues, cualquiera de ustedes que no renuncie a todos sus bienes, no puede ser mi discípulo”.
Palabras de los Santos:
El prototipo, el ejemplo en el que deberíamos reflexionar como nuestro modelo personal, es Jesucristo. Jesucristo escogió la cruz como su estándar, así es que quiere que todos su seguidores sigan el camino del calvario, tomando su cruz a cuestas para después morir en ella. Solo de esta manera alcanzamos la salvación.
--Padre Pio, en una letra a María Gargani, 1916.
Oración:
La cruz es la esperanza de los cristianos.
La cruz es la resurrección de la muerte.
La cruz es el camino para los que están perdidos.
La cruz es la salvación de los que están perdidos.
La cruz es el bastón de los cojos
La cruz es la guía de los ciegos.
La cruz es la fuerza de los débiles.
La cruz es el doctor de los enfermos.
La cruz es el auxilio de los sacerdotes.
La cruz es la esperanza de los desesperados.
La cruz es la libertad de los esclavos.
La cruz es el poder de los reyes.
La cruz es el agua para la semilla.
La cruz es el consuelo de los siervos.
La cruz es la fuente de los que tienen sed.
Ayúdanos, Señor, Dios nuestro;
Y hoy más que nunca, defiéndenos por el gran poder de tu
Santa Cruz, de la cual estamos tan agradecidos! Amén.