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Isaías 8,23b-9,3: En la Galilea de los gentiles el pueblo vio una luz grande
Salmo 26: El Señor es mi luz y mi salvación.
1Corintios 1,10-13.17: Poneos de acuerdo y no andéis divididos
Cita: Vengan conmigo y los haré pescadores de personas
En la Primera Lectura, una invasión enemiga hace sentir a las pequeñas ciudades de Galilea una humillación de grado infinito: Dios está en ella. En la liberación que les anuncia, el profeta va también más allá de lo que los ojos ven. Sin decir su nombre, señala a Dios en la luz que rompe la tiniebla, en la alegría que suplanta la humillación. El ahuyentó un día con las luces de Gedeón a los enemigos madianitas (Jn 7).
En la Segunda Lectura, Pablo insiste en que las comunidades cristianas no tienen más que un solo Señor: Jesucristo. Los intentos de buscarse “señoritos” en los diversos dirigentes eclesiales son considerados por Pablo como auténticamente sacrilegos, aunque una de las facciones pretenda tomarlo a él mismo como bandera.
Comenzamos la lectura continuada del evangelio de san Mateo. Para situarnos tenemos que saber que el evangelista, en los capítulos anteriores, ha narrado tanto los misterios de la infancia de Jesús como su bautismo en el Jordán.
Jesús comienza su actividad tomando como referencia los signos de los tiempos. Al menos el evangelista hace notar que no empezó Jesús sin más cuando quiso, sino al ver que habían encarcelado a Juan. Jesús reacciona ante los hechos de la historia que le rodea. No viene a cumplir una misión ya programada previamente y que ha de llevarse a cabo con indiferencia “pase lo que pase”.
Muchos detalles, muchos temas, en un evangelio sencillo pero enjundioso. La lectura arranca en el momento en el que Jesús deja su casa de Nazaret y se afinca en Cafarnaún, ciudad muy bien situada para la misión que iba a iniciar. De hecho, será su residencia habitual en los años de su vida pública. Con todo, el evangelista ve en este cambio de residencia el cumplimiento de una profecía.
La primeras palabras de Jesús son una invitación a que cada hombre que se tope con El tiene que reconsiderar toda su vida y acertar a situarse ante la novedad de un nuevo orden de cosas en el que no valen las leyes y valores de este mundo sino el proyecto y los deseos de Dios, en concreto, “el Reino de los cielos”.
Para que fuesen suficientemente elocuentes sus palabras y los que le vieran se dieran cuenta de que algo totalmente inédito comenzaba con su presencia y predicación, nos dice el evangelista que “recorría toda la Galilea, enseñando en las sinagogas y ... curando las enfermedades y dolencias del pueblo”.
Pero sus palabras no eran para ser recogidas por sus oyentes y guardadas como una secreta sabiduría que trajese la salvación a cada uno por separado. El proyecto de Jesús era otro.
Así se entiende tanto la propuesta que hace a un grupo de pescadores, como la respuesta, sin condiciones, de estos.
Ser cristiano es sentirse llamado a entrar en una comunidad que haga posible encontrarse con Jesús, seguirle y continuar su misión evangelizadora.
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