En aquel tiempo, Jesús fue conducido por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el demonio. Pasó cuarenta días y cuarenta noches sin comer y, al final, tuvo hambre. Entonces se le acercó el tentador y le dijo: “Si tú eres el Hijo de Dios, manda que estas piedras se conviertan en panes”. Jesús le respondió: “Está escrito: No sólo de pan vive el hombre, sino también de toda palabra que sale de la boca de Dios”.
Entonces el diablo lo llevó a la ciudad santa, lo puso en la parte más alta del templo y le dijo: “Si eres el Hijo de Dios, échate para abajo, porque está escrito: Mandará a sus ángeles que te cuiden y ellos te tomarán en sus manos, para que no tropiece tu pie en piedra alguna”. Jesús le contestó: “También está escrito: No tentarás al Señor, tu Dios”.
Luego lo llevó el diablo a un monte muy alto y desde ahí le hizo ver la grandeza de todos los reinos del mundo y le dijo: “Te daré todo esto, si te postras y me adoras”. Pero Jesús le replicó: “Retírate, Satanás, porque está escrito: Adorarás al Señor, tu Dios, y a él sólo servirás”. Entonces lo dejó el diablo y se acercaron los ángeles para servirle.
Palabras de los Santos:
Hay que notar que así como el Diablo tentó a nuestro Señor con el pecado de gula mientras ayunaba en el desierto, con orgullo en lo alto del templo y con avaricia en lo alto de la Montana, así es que de la misma manera nos tienta a nosotros con gula cuando ayunamos, con orgullo cuando rezamos en la iglesia y con muchas formas de avaricia en la Montana de nuestro éxito.
--Anthony of Padua, Sermones.
Oración:
Querido Señor, estamos ahora en la temporada de cuaresma y en ella vemos otra vez que estos son días para nuestra salvación. Sabemos que somos pecadores. Sabemos que hemos ofendido tu infinita majestad de muchas maneras. Sabemos que el pecado destruye tu vida en nosotros. Ayúdanos Señor! En nuestros insignificantes intentos de reparar nuestro pasado pecado. Bendice nuestros esfuerzos con el rico poder de tu gracia. Ayúdanos a darnos cada día mas cuenta de nuestra necesidad de hacer penitencia y mortificaciones. Ayúdanos a ver en nuestras dificultades y deberes diarios una gran oportunidad para reparar pasadas infidelidades. Ayúdanos con tu gracia, a vivir una vida que nos lleve a ser merecedores de la vida nueva en el cielo contigo para siempre. AMEN.