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Segunda Lectura: Gálatas 5:1, 13-18
Estamos llamados a ser libres

Hermanos: Cristo nos ha liberado para que seamos libres. Conserven, pues, la libertad y no se sometan de nuevo al yugo de la esclavitud. Su vocación, hermanos, es la libertad. Pero cuiden de no tomarla como pretexto para satisfacer su egoísmo; antes bien, háganse servidores los unos de los otros por amor. Porque toda la ley se resume en un solo precepto:
Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Pues si ustedes se muerden y devoran mutuamente, acabarán por destruirse.
Los exhorto, pues, a que vivan de acuerdo con las exigencias del Espíritu; así no se dejarán arrastrar por el desorden egoísta del hombre. Este desorden está en contra del Espíritu de Dios, y el Espíritu está en contra de ese desorden. Y esta oposición es tan radical, que les impide a ustedes hacer lo que querrían hacer. Pero si los guía el Espíritu, ya no están ustedes bajo el dominio de la ley.
Palabras de los Santos:
No vean con miedo los cambios que a veces vienen en la vida, en cambio, apenas lleguen, véanlos con completa esperanza. Dios, a quien ustedes pertenecen, los guiara a salvo a través de todas las cosas y cuando ustedes no puedan soportar mas Dios los cargara en sus brazos.
No teman por lo que puede pasar mañana. El mismo Padre comprensivo que los cuida hoy los cuidara mañana y siempre. Los protegerá del sufrimiento o será el proveedor de una gran fortaleza para enfrentarlo. Estén en paz y hagan a un lado todas sus ansiedades y su imaginación.
--San Francisco De Sales
Oración:
OH dulce y tierna providencia divina, en tus manos encomiendo mi espíritu, en tus manos abandono todo mi ser, mi esperanza, mis miedos, mis deseos, las cosas que me cuestan trabajo, mis prospectos temporales y eternos.
A ti encomiendo las necesidades de mi perecedero cuerpo; a ti encomiendo el precioso tesoro de mi alma in mortal, y sé que no temeré mientras que estos sean nutridos desde tu corazón. Aunque mis faltas son muchas, mi miseria grande, mi pobreza espiritual extrema, mi esperanza en ti lo supera todo. Mi esperanza es más grande que mis dificultades, más fuerte que la muerte.
Aunque las tentaciones me asalten, yo esperare en ti; aunque me hunda en mis debilidades, yo siempre esperare en ti; aunque rompa mis resoluciones mil veces, volveré confiadamente a ti para obtener la gracias para perseverar y lograrlo. En cada camino que tome yo confiare en ti porque tu eres mi Dios, mi Padre y mi amigo. Tú eres mi generoso, tierno e indulgente Padre y yo soy tu hijo amado que me pierdo en tus brazos y suplico tu bendición. Yo pongo toda mi confianza en ti confiando que nunca seré defraudado.
Oh Divina providencia de Dios, yo me encomiendo a ti. AMEN.