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“LA MADRE DE MI SEÑOR DEBERÍA VENIR A MI.” by Fr. Linh

CUARTO DOMINGO DE ADVIENTO – AÑO C

LECTURA DE EVANGELIO: LUCAS 39-45

LA MADRE DE MI SEÑOR DEBERÍA VENIR A MI.”

Rev Linh N. Nguyen

 

INTRODUCCIÓN:

La Virgen María es el tipo de mujer que puso su fe en acción. No sólo dijo, “Que Dios haga conmigo como me has dicho,” pero también se apresuró para ver a el trabajo que Dios hacia en la vida de su pariente Isabel. El viaje a Judea que María emprendió fue un viaje difícil que para entonces habría tomado por lo menos tres días. María no dejó que nada le paraba para ir a Isabel, alegrándose con ella, y elogiando al Señor por cumplir sus promesas.

 

En su descripción de la reunión de María e Isabel, Lucas siguió destacando la superioridad de Jesús sobre Juan. Incluso en el vientre, Juan saltó de alegría, ya él señalaba a Jesucristo. Isabel, llena del Espíritu Santo, gritando en voz alta y elogiando a María por “el fruto en su vientre.”

 

HISTORIA DEL EVANGELIO:

Por aquellos días, María se fue de prisa a un pueblo de la región montañosa de  Judea, y entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel.

 

María salio “con prisa” a visitar a Isabel. Esto nos dice que María fue con propósito y seriedad. No iba a una visita casual o amistosa. Ella tenía una razón específica para ir, un propósito significativo. Iba de modo que ella e Isabel pudieran animar y compartir el uno con el otro.

 

Ambas tenían situaciones similares. Dios había actuado sobre sus cuerpos, haciendo un milagro para las dos. El vientre de Isabel fue dada vida para que el hijo de Zacarías fuera concebido, y el vientre de María había concebido como virgen.

 

María en particular podría ser animada, ya que Isabel tenía ya seis meses de embarazo. Los seis meses de embarazo era una señal visible que Dios ya había actuado sobre ella milagrosamente. Debemos notar que María sabía sobre la concepción milagrosa de Isabel, pero Isabel no sabía sobre la concepción de María.

 

Cuando Isabel oyó el saludo de María, el niño saltó en su vientre, y Isabel llena del Espíritu Santo, gritaba en una voz fuerte.

 

Cuando María saludó a Isabel,  tres cosas extrañas inmediatamente pasaron:

1. El bebe saltó en el vientre de Isabel. Esto fue una señal para Isabel que el bebe dentro de María era alguien muy, muy especial.

 

2. Isabel estuvo “llena al instante del Espíritu Santo.” El Espíritu Santo la agarró y la condujo a saludar a María como la madre del Mesías, el Señor.

 

3. Isabel habló en voz fuerte. Ella estaba llena de alegría y exaltación para el Mesías. Ella estaba bajo la influencia y el impulso del Espíritu de Dios. Estaba siendo guiada para proclamar que el Bebé de María era “el Señor.”

 

En voz fuerte, Isabel dijo, "Dios te ha bendecido mas entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre. ¿Quien soy yo para que venga a visitarme la  madre de mi Señor? Pues tan pronto como oí tu saludo, el niño en mi vientre saltó de alegría. Bendita tu por haber creído que han de cumplirse las cosas que el  Señor te ha dicho."

 

Isabel proclamó una unicidad sobre María y su niño. Note dos cosas:

1. El primero acto hacia Cristo era una proclamación de alabanza. Isabel era la primera persona para saber sobre el nacimiento de Cristo además de María, y Dios se aseguro que su primer acto debiera ser honrar a Su Hijo.

 

2. Isabel demostró un espíritu muy dulce y humilde, una mansedumbre y amor que eran tan desesperadamente necesitados por tantos. Ella era más vieja, y siendo la esposa de un sacerdote era reconocida por el mundo de una clase social más alta y más honorable. Pero María, pobre y no reconocida por el mundo, había sido escogida por Dios para servir de un modo más especial. Isabel no mostró ninguna envidia o celos, ningún dolor. Por lo contrario, ella se alegró sobre la llamada de María.

 

El Espíritu Santo reveló a Isabel que el Bebe en el vientre de su prima no sólo era el Mesías prometido, pero Él era el Hijo del más Alto, de Dios. Isabel estaba bajo el poder del Espíritu Santo; por lo tanto, ella confesaba la verdad bajo la influencia de Dios. La verdad era que el Niño que nacía de María era el Mesías, el Hijo humano de Dios vivo. Ella también contrastaba su hijo con el Hijo de María. Su propio hijo seria grande, pero el Hijo de María será aun más grande. Él era el Señor Dios mismo, el Hijo del más Alto.

 

CONCLUSIÓN:

Isabel proclamó que la fe de María recibiría la promesa. María iba a ver la realización de las promesas de Dios por creer en la Palabra de Dios. Al decir Gabriel a María, “el Señor está contigo,” María creyó y eso hizo toda la diferencia.

 

Si deseamos ser bendecidos por Dios como la Virgen María, debemos creer la Palabra de Dios enviado a nosotros. Debemos hacernos familia adoptiva con Cristo. Debemos hacernos los niños adoptados por Dios.

 


This article was published on Thursday 17 December, 2009.

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