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(Juan 21:15–19)
En relación con Pedro en esta sección, Jesús le regresó su nombre original de Simón, que significa “persona irresoluta”, en vez del nombre que Jesús le había dado: Pedro, que significa piedra, (la piedra angular de la Iglesia de Cristo). Así, gentilmente se le recordó a Pedro su inconsistencia, porque viéndolo en retrospectiva, él había negado a Cristo tres veces. Sin embargo, es vital notar que Jesús lo restituyó ante testigos y reveló que él estaría totalmente resuelto hasta la muerte. Indudablemente, ninguno de los otros discípulos podría argüir contra Pedro por haber negado a Cristo, cuando Él mismo ya lo había perdonado. En cualquier caso, durante los procesos de Jesús todos ellos habían huido, a excepción de Juan, que no estaba alrededor, cuando Pedro sí había estado.
Obviamente, ellos no estaban en posición de criticarlo. El “más que ellos” (v.15) significa, “más de lo que estos discípulos hacen”. En otras palabras, Jesús restituyó a Pedro en su afirmación de lealtad durante la noche de la Última Cena, cuando Él admitió que la lealtad de Pedro era superior a la del resto de los discípulos (Matéo 26:33). En esa ocasión, Pedro rechazó hacer comparaciones. Él había aprendido una lección vital: el cristianismo no es comparativo o relativo: La profundidad del Cristianismo es materia individual entre cada discípulo y su Señor.
Las preguntas y las respuestas entre Jesús y Pedro se entienden mejor en el idioma griego, ya que dos palabras griegas diferentes son igualmente traducidas como “el amor”, pero la diferencia entre las dos es importante. Jesús le preguntó a Pedro ¿tú me “agapao”? Pedro contestó “yo te “phileo”. El “agapao” significa el amor puro del más alto nivel, el “phileo” es amistad. De ese modo, Pedro redujo el nivel de amor en su respuesta. La segunda vez, Jesús hizo la misma pregunta y obtuvo la misma respuesta que en la primera ocasión. La tercera vez, Jesús pregunto, ¿tu me “phileo”? De esa manera Jesús bajo al nivel de Pedro. Por eso Pedro experimentó gran tristeza, no porque Jesús le preguntara tres veces, sino porque en la tercera ocasión Jesús le dejó saber a Pedro que sus respuestas eran inadecuadas. Cristo requiere el amor más profundo y más leal que el Cristiano sea capaz de dar. Algo menos que eso, queda simplemente en segundo lugar. Para crédito de Pedro, él había aprendido a no enfatizar su caso.
¿Fue Nuestro Señor en efecto indulgente al hacer pública la readmisión de Pedro? Esto dejó bien clara la situación de Pedro en la Iglesia. Jesús perdonó a Pedro por haberlo negado en momentos de peligro. Por lo tanto, nadie podría objetar en contra del hombre que Cristo puso a la cabeza de Su Iglesia. Además, el hecho de la readmisión de Pedro nos brinda un gran alivio, porque podemos asegurar que no hay ningún Cristiano que en alguna ocasión no haya negado en cierta forma a nuestro Señor.
Incluso aunque Peter no estuviera listo para dirigir el riesgo de exagerar su afecto y dedicación para Jesucristo, nuestro Señor sabía que él en efecto le daría el amor que Él requería, y en consecuencia, sería crucificado (vv.18–19). La lealtad de Pedro no era cuestionable; él seguiría a Jesús hasta el punto de morir por Su causa. Esta profecía es tan clara como puede serlo la palabra griega “agapao”, que es mucho más que un sentimiento de afecto, es un compromiso total. Todos los creyentes hacen tarde o temprano esta pregunta: ¿Hasta donde se espera que el Cristiano dedique su vida a Cristo?: La respuesta se encuentra en John 20:19 y también en John 15:13: La dedicación a Cristo no conoce límites, y llega incluso hasta la muerte.
-- Mills, M. La Vida de Cristo.
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