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Segundo Lectura: Hebreos 12:5-7, 11-13.
Dios disciplina a aquellos que ama.

Hermanos: Ya se han olvidado ustedes de la exhortación que Dios les dirigió, como a hijos, diciendo:
Hijo mío, no desprecies la corrección del Señor, ni te desanimes cuando te reprenda. Porque el Señor corrige a los que ama, y da azotes a sus hijos predilectos. Soporten, pues, la corrección, porque Dios los trata como a hijos; ¿y qué padre hay que no corrija a sus hijos?
Es cierto que de momento ninguna corrección nos causa alegría, sino más bien tristeza. Pero después produce, en los que la recibieron, frutos de paz y de santidad. Por eso, robustezcan sus manos cansadas y sus rodillas vacilantes; caminen por un camino plano, para que el cojo ya no se tropiece, sino más bien se alivie.
Preguntas Para Reflexionar
1. ¿Por qué habría Dios de hacernos sufrir sin una razón aparente?
2. ¿De qué manera crees que podrías sufrir por Cristo?
3. ¿Por qué debemos de estar gozosos en el sufrimiento?