En aquel tiempo, cuando Jesús vio a la muchedumbre, subió al monte y se sentó. Entonces se le acercaron sus discípulos. Enseguida comenzó a enseñarles, hablándoles así: “Dichosos los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos. Dichosos los que lloran, porque serán consolados. Dichosos los sufridos, porque heredarán la tierra. Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados. Dichosos los misericordiosos, porque obtendrán misericordia. Dichosos los limpios de corazón, porque verán a Dios. Dichosos los que trabajan por la paz, porque se les llamará hijos de Dios. Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los cielos. Dichosos serán ustedes cuando los injurien, los persigan y digan cosas falsas de ustedes por causa mía. Alégrense y salten de contento, porque su premio será grande en los cielos”.
Palabras de los Santos:
No vean con miedo los cambios que a veces vienen en la vida, en cambio, apenas lleguen, véanlos con completa esperanza. Dios, a quien ustedes pertenecen, los guiara a salvo a través de todas las cosas y cuando ustedes no puedan soportar más Dios los cargara en sus brazos. No teman por lo que puede pasar mañana. El mismo Padre comprensivo que los cuida hoy los cuidara mañana y siempre. Los protegerá del sufrimiento o será el proveedor de una gran fortaleza para enfrentarlo. Estén en paz y hagan a un lado todas sus ansiedades y su imaginación.
--San Francisco De Sales
Oración:
Oh dulce y tierna providencia divina, en tus manos encomiendo mi espíritu, en tus manos abandono todo mi ser, mi esperanza, mis miedos, mis deseos, las cosas que me cuestan trabajo, mis prospectos temporales y eternos. A ti encomiendo las necesidades de mi perecedero cuerpo; a ti encomiendo el precioso tesoro de mi alma in mortal, y sé que no temeré mientras que estos sean nutridos desde tu corazón. Aunque mis faltas son muchas, mi miseria grande, mi pobreza espiritual extrema, mi esperanza en ti lo supera todo. Mi esperanza es más grande que mis dificultades, más fuerte que la muerte. Aunque las tentaciones me asalten, yo esperare en ti; aunque me hunda en mis debilidades, yo siempre esperare en ti; aunque rompa mis resoluciones mil veces, volveré confiadamente a ti para obtener la gracias para perseverar y lograrlo. En cada camino que tome yo confiare en ti porque tu eres mi Dios, mi Padre y mi amigo. Tú eres mi generoso, tierno e indulgente Padre y yo soy tu hijo amado que me pierdo en tus brazos y suplico tu bendición. Yo pongo toda mi confianza en ti confiando que nunca seré defraudado. Oh Divina providencia de Dios, yo me encomiendo a ti. Amén.