Lectura del Evangelio: Juan 10:27-30
Le doy a mis ovejas vida eterna
En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos: “Mis ovejas escuchan mi voz; yo las conozco y ellas me siguen. Yo les doy la vida eterna y no perecerán jamás; nadie las arrebatará de mi mano. Me las ha dado mi Padre, y él es superior a todos, y nadie puede arrebatarlas de la mano del Padre. El Padre y yo somos uno”.
Las palabras del santo:
Si su confianza fuera tan grande como debería ser, no se preocuparía de lo que puede pasarle; usted colocaría todo en las manos de Dios, esperando que cuando él quiera algo de usted él le avisará que es.
--carta de Claude de la Colombiere,
Oremos:
Padre y Creador de todo, usted adorna toda la creación con esplendor y belleza, y formando vidas humanas en su imagen y semejanza. Despierte en cada corazón reverencia hacia el trabajo de Sus manos, y renueva entre su gente el deseo de nutrir y sostener su regalo precioso de vida.
O Jesús, Usted ha extendido sus manos para consolarme, y yo he tomado aquellas manos. Usted me ha amado con un amor infinito y he abusado de ese garn amor al pecar más contra usted. O Jesús, derrame su Sangre ser sobre mí, no para una maldición, pero para una bendición. Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo. Tenga misericordia sobre mí. Amén.