|
XV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO - AÑO C
Primera Lectura: Deuteronomio 30, 10-14
En aquellos días, habló Moisés al pueblo y le dijo: “Escucha la voz del Señor, tu Dios, que te manda guardar sus mandamientos y disposiciones escritos en el libro de esta ley. Y conviértete al Señor tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma.
Estos mandamientos que te doy, no son superiores a tus fuerzas ni están fuera de tu alcance. No están en el cielo, de modo que pudieras decir: ‘¿Quién subirá por nosotros al cielo para que nos los traiga, los escuchemos y podamos cumplirlos?’ Ni tampoco están al otro lado del mar, de modo que pudieras objetar: ‘¿Quién cruzará el mar por nosotros para que nos los traiga, los escuchemos y podamos cumplirlos?’
Por el contrario, todos mis mandamientos están muy a tu alcance, en tu boca y en tu corazón, para que puedas cumplirlos”.

ARREPENTIMIENTO
--Rev. Linh N. Nguyen
Había una vez un par de hermanos. Uno de ellos era un ciudadano honorable, el otro era un malhechor. El hermano criminal mató a un hombre. Fue convicto y lo sentenciaron a cadena perpetua. El buen hermano fue con su amigo que era gobernador del estado, y le rogó por el perdón de su hermano. Como el gobernador respetaba al hermano del asesino, concedió el perdón y le dio el documento con la dispensa a su amigo. Este fue a la prisión a visitar a su hermano. Y le preguntó: ¿Qué harías si pudieras escapar o de alguna manera pudieras obtener la libertad? Su hermano respondió desde adentro de la celda: Primero, mataría al juez, y después aplastaría al principal testigo que testificó contra mí. Al oír esto, el hermano terminó con la conversación. Salió de la prisión con el perdón en su bolsillo y se lo regresó al gobernador. Lo hizo porque su hermano no se había arrepentido de su crimen.
El mensaje de hoy acerca de la primera lectura es el siguiente: Moisés les pidió a los Israelitas que se arrepintieran de sus pecados antes de entrar a la tierra prometida. El pueblo de Israel no había entrado aun en ella, pero habían desobedecido a Dios muchas veces. El pueblo entero desobedeció porque ellos fallaron en sus corazones el creer verdaderamente los asuntos de Dios. Dios les indicó que sin un nuevo corazón, Israel fallaría en la continuación en la relación y el compromiso pactados con Él.
Previamente, Moisés había delineando las bendiciones y las maldiciones que caerían sobre la nación por su obediencia o su desobediencia. Siguiendo la lista, Moisés empezó la descripción de los “Israelitas que regresaban.” En los antiguos días del exilio, Israel reflexionaría sobre las bendiciones y maldiciones de la alianza. Ellos lo tomarían en su corazón, retornarían hacia el Señor, y lo obedecerían en cada aspecto.
Cuando el exilio llegó a su fin. Se suponía que Israel persistiera conservando esos actos de arrepentimiento y restauración. Israel consideraría sobre su aquella difícil situación y cautiverio retornando al Señor y obedeciéndolo. Eso era porque Iahveh les traería al espíritu de arrepentimiento y obediencia entre ellos. Y eso era porque acelerando el proceso Israel meditaría sobre sus maneras de maldad, se arrepentiría, y regresaría una vez más a la fe y la observación de la alianza.
Entonces Moisés continuó con una explicación del intento del retorno. Si los Israelitas escucharan la voz de Dios con toda su alma y todo su corazón, Dios los traería de regreso desde el cautiverio hacia la tierra prometida y restauraría su fecundidad. Moisés expreso que cuando ellos regresaran, Dios “circuncidaría” sus corazones. La frase “El Señor vuestro Dios circundará vuestro corazón” introdujo la Nueva Alianza.
Aquí, Moisés se refería no sólo a que su pueblo fuera a retornar a Dios, sino también a la relación de la alianza en particular. ¿Cómo iban ellos a regresar? El texto del Deuteronomio indicaba esto en términos reales. Ellos tenían que creer desde el fondo de sus corazones. Moisés quería que los Israelitas se dieran cuenta de que la obediencia y la relación con el compromiso venia desde el fondo del corazón y no de actos superficiales. Específicamente en 30:10, Moisés les explicó como deberían ellos retornar a Dios: Si solamente ustedes escucharan la voz del Señor con todo su corazón y toda su alma.”
El sermón final de Moisés a la nación profetizó el momento cuando Israel regresaría a su relación con la Alianza, y Dios cambiaria sus corazones. Fue una de las más tempranas referencias a la Nueva Alianza. Este es el retorno que es llamado: arrepentimiento.
Como lo indicó Moisés, arrepentimiento quiere decir cambio de la mente y del corazón. En un sentido físico, esto significa un cambio de dirección. El perdón viene cuando nos confesamos y nos arrepentimos, regresando de nuestros pecados. En Corintios 2 (7:10) está contenida una fórmula acerca de esto: Porque el dolor pio o devoto produce un saludable arrepentimiento, pero el dolor mundano produce la muerte.
Según San Pablo, hay dos clases de dolor acerca del pecado: Devoto y mundano. El dolor devoto es un sentimiento de ruptura hacia el pecado que nos lleva a un cambio de vida y nos trae la salvación. Por otro lado, el dolor mundano no nos llevara a un sincero arrepentimiento. Este no nos lleva a la salvación, sino a la destrucción, como lo expresó San Pablo, no es suficiente decir, “lo siento.” La gente se siente afligida y pesarosa por los resultados que obtiene, por que se avergüenza, por las consecuencias. Eso no es un dolor devoto o piadoso.
Específicamente, en Corintios No. 2 ( 7:11) se identifican varias características del dolor devoto. El dice: Mirad lo que el dolor piadoso o devoto, con gran intensidad ha hecho por ti, así como el estar preparado para la defensa, la indignación, el miedo, el anhelo, el fervor y el castigo.
En opinión de San Pablo, el dolor devoto implica el tomar seriamente el asunto. Ese dolor pugna por hacer las cosas correctamente, mientras que el dolor mundano sólo quiere evitar las futuras consecuencias. El dolor devoto no sólo nos lleva la idea de la vergüenza por lo que hemos hecho, pero también nos lleva al deseo de rectificar la situación. Francamente, nos mortificamos genuinamente por como hemos actuado. La idea es que no es fácil dejarlo todo en el olvido. Nosotros no cerramos la puerta al pasado rápidamente para seguir adelante. Sino que esperamos ver que se cumpla la justicia, lo que incluye el aceptar las consecuencias y el castigo por nuestros pecados. Como resultado, nosotros estamos deseosos de dar una vuelta en sentido contrario en nuestras vidas. Esto implica nuestra disposición de colocar las cosas en la dirección correcta.
Aquí tenemos una historia que nos puede demostrar las diferencias entre el dolor devoto y el dolor mundano:
La madre de una pequeña niña se estaba preparando para participar en un muy espacial evento social al que ella, por mucho tiempo y con enorme deseo, quería asistir. El nuevo vestido que ella había comprado para la ocasión estaba cuidadosamente colocado sobre su cama.
Pero la pequeña no quería que sus padres salieran esa noche y por ello hizo una gran rabieta. Cuando la madre salió de su recamara, la pequeña niña pensó que había encontrado la solución para que su madre se quedara en casa esa noche. Tomo unas tijeras e hizo cortes por todo el vestido, ¡arruinándolo totalmente!
Cuando la madre regresó a su habitación, no podía cree lo que vieron sus ojos. Ella estaba petrificada por lo que vio. En lugar de ponerse furiosa y explotar, cayó en la cama llorando amargamente, totalmente ajena a la presencia de su hija en la habitación.
Cuando la pequeña niña vio la reacción de su madre, comprendió la seriedad de lo que había hecho, y empezó a tirar de la falda de su madre, diciéndole: Mamita, mamita, pero su madre continuó ignorándola, actuando como si la niña ni siquiera estuviera en la habitación.
La pequeña, más y más desesperada, lloraba en voz alta: ¡Mamita, por favor! Al fin, la madre le contestó ¿Qué es lo que quieres? Y la niñita contestó: Mamá, por favor, regrésame.
Esa pequeñita había visto a través del núcleo de la realidad. Ella no dijo, lo siento. Tampoco dijo, no lo volveré a hacer. Ella no dijo ninguna de las cosas que se supone se deberían haber dicho más tarde. Esta pequeñita había comprendido de alguna manera, que el problema en ese momento era la relación rota entre ella misma y su madre. De esa manera ella exclamó, mamá, por favor regrésame.
Y así, el verdadero arrepentimiento incluye mucho más que el decir, lo siento o no lo volveré a hacer. Es un estado de determinación de la mente y resolución del corazón para girar y alejarnos del pecado, la desobediencia, o la rebelión, e inmediatamente regresar a Dios. El arrepentimiento es también un sentimiento de lamento y remordimiento por la conducta pasada. El verdadero arrepentimiento incluye todos los elementos contenidos en un dolor devoto o piadoso por el pecado cometido, es el acto de girar en redondo para ir en la dirección opuesta. Este tipo de arrepentimiento nos guía hacia un cambio fundamental en la relación de la persona con Dios.
Pero, ¿es suficiente para nosotros el tener dolor piadoso en el arrepentimiento? Juan el Bautista les dijo a las multitudes que salieron para ser bautizados por él: ¡Ustedes, camada de serpientes! ¿Quién les advirtió que huyeran de la furia que se avecina? Produzcan buenos frutos como evidencia de su arrepentimiento. (Lucas 3:7-8).El hombre con dos túnicas debería compartir con quien no tiene ninguna. Los recaudadores de impuestos deberán dejar de usurpar dinero.
Entonces, a menos que mostremos buenos frutos acompañando el arrepentimiento, seguiremos siendo una camada de serpientes. ¡Este es el mensaje de de Juan! Para verdaderamente dar la bienvenida al Mesías, estamos obligados a confesar nuestros pecados, estando de acuerdo con Dios acerca de nuestra condición, dándole la espalda al pecado para recibir Su perdón. El resultado será la fruta apropiada para el arrepentimiento.
Que Dios nos dé el dolor piadoso, guiándonos al sincero arrepentimiento acompañado de nuestros frutos. Que como los Israelitas arrepentidos, se nos permita entrar en la eterna Tierra Prometida en el cielo.
|