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Cuando Cristo se instala en la vida de un creyente, el amor crece. Usando la metáfora de plantar un árbol, Pablo dice que cuando Cristo habita en nuestros corazones, nosotros estamos enraizados y fundamentados en el amor. (Efesios. 3). Jesús dijo, les voy a dejar un nuevo mandamiento, y es: “Que os améis los os unos a los otros; y que del modo que yo os he amado, así también os améis recíprocamente. Todos sabrán que sois Mis discípulos si os tenéis tal amor unos a otros.” (Juan 13:34–35).
Cuando el mundo deja de reconocer a los Cristianos, significa la carencia de amor de el uno por el otro de los creyentes. Dios ama al mundo y quiere demostrar ese amor a través de Su gente. Eso sólo puede pasar cuando los Cristianos se amalgaman con el Espíritu Santo, son fuertes interiormente y permiten que Jesús llene sus vidas. Entonces el amor explotará como un hermoso fuego pirotécnico, porque así esto es la naturaleza de Jesús para amar. Él nos mostrará Su amor al tener un canal abierto.
Pedro hace eco de aquellos pensamientos: Aquellos que a través de Él [Cristo] creen en Dios, quien lo resucitó de la muerte y lo glorificó, para que vosotros pusieseis vuestra fe y vuestra esperanza en Dios, purificando pues vuestras almas con la obediencia del amor, con amor fraternal, amaos unos a otros entrañablemente con un corazón puro y sencillo. (1 Pedro 1:21–22).
Antes de Que los Cristianos podamos amar fervorosamente, debemos estar afirmados en el amor. Antes de que podamos estar afirmados en el amor, debemos tener un corazón puro. Para ello, debemos resistir la tentación. Para resistir la tentación debemos ser fuertes en nuestro interior. Para ser fuertes en nuestro interior debemos estar guiados por el Espíritu Santo. Cuando estemos llenos del Espíritu Santo no habremos terminado con nuestra responsabilidad. Esto es sólo el principio. Cuando Cristo se instala en nuestras vidas, pasan muchas cosas. El amor es el subproducto de este proceso espiritual: “Que tú…quizás seas capaz de entender con todos los santos lo que es el ancho y la longitud y la altura y la profundidad, y conocer el amor de Cristo, que supera al conocimiento” (Efesios. 3:17–19).
El único modo de entender el amor de Cristo es estar arraigado con una fuerte base en ello. Alguien le preguntó a Louis Armstrong acerca del jazz, y el famoso trompetista dijo: Hombre, si yo tengo que explicárselo, usted no lo va a entender. Esto es como el amor. Si una persona tiene que decirle a alguien que cosa es el amor, es que “ese” alguien simplemente no lo tiene.
Si usted es padre, y alguien le dice, “realmente amo a mi pequeño hijo,” usted lo entiende. Pero los niños no siempre entienden cuán grande puede ser el amor de un padre, porque ellos no son padres.
La palabra griega katalambano, significa “Entender” en español, y significa incautar algo y hacerlo propio. De la única manera en que nosotros podemos incautar el amor de Cristo para hacerlo nuestro y entenderlo, es estar enraizados en ello, (en el amor).
El amor de Cristo es tan grande que se expresa en cuatro dimensiones: ancho, longitud, profundidad, y altura. Durante el primer siglo los Cristianos usaron la Cruz como el símbolo del amor de Cristo. El poste señala hacia arriba y hacia abajo (altura y profundidad); el travesaño señala a los horizontes (ancho y longitud).
La carta a los Efesios en si misma revela el grado del amor de Cristo. Lo ancho del amor de Cristo alcanza a los Judíos por una parte y los Gentiles por la otra (2:16–18). Su longitud es la eternidad del pasado y la futura eternidad. Él nos eligió antes de la creación del mundo para ser santos en Su presencia y…en el amor. (1:4).
El amor de Cristo es tan profundo que alcanza hacia abajo la cavidad profunda del pecado y la muerte espiritual y nos saca de todo ello. (2:1). El creyente es entonces elevado para sentarse con Jesús en el cielo. Hemos sido sacados de ese hoyo, para ocupar una posición exaltada en la gloria (v. 6).
Los Cristianos deberíamos entender las dimensiones del amor de Cristo cuando afrontamos lo que parece ser una situación desastrosa. Muchas veces, aquellos que las sufren son capaces de preguntarle a Dios: ¿Podría tener esperanzas de ver como me mostrarás Tu amor en este dilema? Cada circunstancia en la vida es una oportunidad del creyente para descubrir el amor de Cristo.
-- MacArthur, J. La Dinámica Corporal.
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